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Biohacking: miles de suecos ya se implantaron un chip en la mano

Unos 4000 ciudadanos llevan el dispositivo electrónico para usarlo como llave, tarjeta de acceso o monedero. Una tendencia que crecería de forma exponencial.

El implante de microchip de Dsruptive permite que, si acercas la mano al móvil, aparezca tu perfil.
Olvidarse la cartera o las llaves en casa puede dejar de ser un problema si los códigos de acceso se llevan incrustados en el cuerpo. 

En Suecia, unas 4.000 personas llevan un dispositivo electrónico implantado en el dorso de la mano, y los avances en este campo hacen prever un crecimiento exponencial en los próximos años. El boom de los microchips llegó en el 2015 al país escandinavo, que abraza como ningún otro las innovaciones tecnológicas y que lidera los progresos en el denominado biohacking o transhumanismo, un movimiento que pretende mejorar la humanidad mediante la tecnología, aprovechándola al máximo e integrándola en el cuerpo.

En el caso de los microchips –o su versión mejorada, los dispositivos implantables—, su objetivo principal es facilitar la vida diaria a quienes los llevan inseridos bajo su piel. Permiten, por ejemplo, acceder al trabajo o al gimnasio, sacar productos de la máquina de la oficina o validar el ­billete de tren con un solo mo­vimiento de la mano. De hecho, la compañía ferroviaria estatal SJ se convirtió en la primera empresa de transporte del mundo en ­permitir utilizar los microchips como tiquet. Desde su implantación hace poco más de un año, ­cerca de 3.000 personas han registrado su número de socio del programa de fidelidad de SJ en dichos implantes.

Estos dispositivos se suelen implantar entre el pulgar y el índice con un inyector tipo jeringa, un procedimiento parecido al que se utiliza para colocar piercings. Son dispositivos que usan la tecnología Near Field Communication (NFC), también utilizada en las tarjetas bancarias contactless, y son pasivos, lo que significa que no llevan batería y acumulan información que puede ser leída por otros dispositivos pero no pueden leer información por sí solos.

El microchip, sin embargo, parece destinado a desaparecer y ser superado por otros dispositivos más avanzados. Una empresa fundada y liderada por un español afincado en Malmö está trabajando en un nuevo diseño. 

“Un chip es como un teléfono tonto, te permite llamar y enviar mensajes, pero nuestros dispositivos son como si te implantaras un smartphone”, explica a La Vanguardia Juanjo Tara, fundador de Dsruptive

Hasta el momento, esos chips solo guardaban información que podía utilizarse para una aplicación determinada (por ejemplo, para poder abrir la puerta de la oficina), por eso Tara ha creado unos dispositivos que permiten almacenar diferentes datos y darles diferentes usos desde el mismo dispositivo. Por ejemplo, explica que su aparato almacena la información de su perfil de Linkedin: “Si acerco la mano a tu teléfono, te sale mi perfil”. ¿Y pagos electrónicos? “Potencialmente”, responde Tara, que en el 2015 fue el primero en realizar un pago con bitcoins a través de uno de estos microchips.

Dsruptive es la empresa que diseña y provee estos dispositivos implantables a diversas compañías que operan en Suecia, como Biohax o Dangerous Things. Según Tara, no hay nadie más en el mundo que ofrezca estos productos. Dsruptive acaba de lanzar uno nuevo que, entre otras novedades, incorpora una luz led. El producto, presentado oficialmente la semana pasada en un evento tecnológico en Estocolmo, se ha implantado en siete personas y la compañía está en proceso de producir 300 más, que ya tiene vendidos. Tara estima que a finales del 2019 habrá 5.000 de ellos ya implantados.

La cuna de los biohackers

De Suecia salen gran parte de los biohackers. ¿Qué hace a los suecos tan abiertos a experimentar tecnológicamente con sus cuerpos? En un artículo publicado en la revista de divulgación académica The Conversation, la investigadora de la Universidad de Lund Moa Petersén, experta en cultura digital, señala que los suecos están acostumbrados a compartir sus datos personales debido a cómo está estructurado el sistema de seguridad social del país. La información de cualquier ciudadano registrado en Suecia puede encontrarse fácilmente a través de Internet. Dirección, teléfono e incluso su salario. Eso allana el camino a todas estas nuevas tecnologías, pero según Petersén esta no es la única causa, sino que juega un papel importante la “fe” de los ciudadanos suecos en lo digital. “La gente de Suecia cree profundamente en el potencial positivo de la tecnología”, asegura.

Uno de los referentes del biohacking en Suecia es Hannes Sjöblad, jefe del departamento de Disrupciones de Epicenter, un centro de innovación digital ubicado en Estocolmo, hogar de unas 300 empresas. Suele acoger eventos sobre usos de nuevas tecnologías como la realidad virtual, la realidad aumentada, la inteligencia artificial y la biología digital, y fue uno de los pioneros en permitir a sus empleados acceder al edificio mediante sus microchips. Epicenter es también uno de los organizadores de las denominadas “fiestas de implantes”, junto con ­BioNyfiken, la Asociación Sueca de Biohackers, que preside Sjöblad. Gente de varios puntos de Suecia se acercan a Estocolmo para participar en ellas e implantarse uno de estos dispositivos. El procedimiento dura pocos minutos y tiene un precio de unos 100 euros, que incluye también la extracción cuando el usuario lo desee.

Fuente y Créditos: Núria Vila - La Vanguardia.com